Sobre José Asensio

Últimas huellas

Sin humanos no hay historia. Por eso, los lugares abandonados se reconvierten en “geografías del olvido” en las que sólo es posible reeditar un pedacito de su pasado. Su lugar se sale de la historia. Lo deja fuera. Igualmente, los objetos residuales de la presencia humana nos permiten reconstruir en cierta manera y medida, el devenir de esos lugares, reconciliándolos con nuestro presente. Se transforman en restos, en testimonios materiales de un pasado que, aunque mudos e inertes en apariencia, informan siempre de algo. La historia queda confinada, sitiada, por el desparpajo de lo sucio. 

En este ejercicio casi reflexivo se pretende transportar al espectador a un pasado en mayor o menor medida lejano, y procurar una empatía al observar las imágenes. Empatía por una realidad inescrutable sobre las vivencias que en el lugar de la toma se produjeron en algún momento no determinante antes de convertirse en las ruinas que son actualmente. Las fotografías pueden parecer carentes de interés. Sin embargo, al profundizar en los motivos nos encontramos con un cuerpo de obra realmente consistente. Deambulan entre la nostalgia y la melancolía de un paisaje que se ha borrado irremediablemente del entorno más urbano, pero también da la esperanza de que su ya impalpable esencia sobrevivan al ser humano y a su inconsciente destrucción. Se rescata la memoria de esos rincones y a su esencia misma como la principal protagonista, liberadora de un presente olvidado y transportadora a un suntuoso pasado lleno de vida. Es en ese lugar donde convivieron en armonía diferentes sensaciones y sentimientos, dándoles visibilidad en este trabajo, dejando las puertas abiertas a cualquier interpretación y buscando un íntimo contacto con el espectador. Nos hace pensar y reflexionar en lo que se ha destruido a cambio de una especie de necesidad basada en diferentes cuestiones, desde la modernización de la urbe, a una simple y egoísta falta de interés por unos terrenos, pertenecientes a la propiedad privada en su mayoría. En definitiva, y como proponía Heráclito, filósofo presocráitco, En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos. En ella se expresa su idea de cambio constante, el devenir. Parece resultar que el planteamiento se puede extrapolar a ese devenir de las urbes modernas, donde nada queda definitivo y todo se regenera tarde o temprano. En el trabajo se ofrecen en su mayoría planos detalle, para enfatizar ciertos elementos y otorgar una mayor proximidad al espectador, como planos generales para contextualizar la escena. En cuanto al color, se emplea como recurso los tonos desaturados, haciendo una alegoría y comparándolo con la vida del entorno, donde ambos se van desvaneciendo según el paso del tiempo. Del mismo modo que todas las imágenes se han realizado en horas próximas al atardecer/ anochecer, para rescatar también esos últimos vestigios del día. En cuanto al uso de lentes se usan las más próximas posibles a una distancia focal de 50mm, para registrar lo mas fielmente posible y sin distorsionar las imágenes.